Giralda y Catedral

El
monumento mas señero de cuantos se alzan en la urbe es, sin duda,
la Giralda, torre ejemplar que ha venido a ser faro y guía de los
horizontes sevillanos y sonoro campanario de sus horas. La construcción
de este alminar asentado sobre piedras romanas data de 1184, siendo rematado
con cuatro manzanas doradas, cuyo oro costó cien mil dinares en
1198.
Conquistada
Sevilla por San Fernando, y tras diversas vicisitudes, entre 1565 y 1568
el arquitecto cordobés Hernán Ruiz dio forma definitiva
al coronamiento de la torre, con el cuerpo de las veinticinco campanas
y la enorme estatua de la Fe, que sirve de veleta denominada vulgarmente
"giraldillo", de donde vino el nombre de Giralda a todo el armonioso
conjunto.
En
el emplazamiento de la Mezquita mayor de Sevilla, que fue derribada en
el siglo XV, se erigió la gran Catedral, que por sus dimensiones
- 116 metros delargo y 76 de ancho- es el tercer templo de orbe cristiano
, después de San Pedro en roma y San Pablo en Londres.
La
construcción se inició a principios del siglo XV. Consta
de cinco amplias naves de estilo gótico, con gran crucero en el
que se aloja la Capilla Mayor, con soberbia reja. El retablo es el mayor
de toda la cristiandad.
Ocupado
el espacio que hubiese sido ábside del templo, descuella la Capilla
Real, terminada en 1575 en estilo plateresco. Clausura el recinto una
reja que costeó Carlos III en 1771. A la entrada se observa, a
ambos lados, las tumbas reales de Don Alfonso X el Sabio y de su madre,
Doña Beatriz de Suabia, realizadas por Antonio Cano Correa y J.
Luís Vasallo, respectivamente. En el centro de la nave, al pie
del altar, erigido en alto, y en riquísima urna de plata que regaló
Felipe V en 1717, se venera el cuerpo incorrupto del Rey San Fernando
Arriba aparece la efigie de la Virgen de los Reyes, Patrona de la ciudad,
labrada en madera de alerce a mediados del siglo XIII
Abajo,
en la crispa, se custodian los féretros del Rey Don Pedro el Cruel
y Doña María de Padilla. En el tesoro, ricas joyas y ornamentos,
así como la espada de San Fernando. Sobresalen las capillas de
la Virgen de la Antigua, en la que se venera un icono mariano del siglo
XIV, y las laterales del coro, con bellísimas esfinges de Montañés,
entre las que descuella la Inmaculada, llamada la "Cieguecita".
Pero se ha de mencionar especialmente la Sacristía de los Cálices,
tratada por Diego Riaño en 1529, que atesora excelentes pinturas
de Murillo, Zurbarán, Valdés Leal y Goya, y el famoso "Cristo
de la Clemencia", creación máxima de Montañés
así como la Sacristía Mayor, una de las más ricas
dependencias catedralicias donde se admira la grandiosa Custodia de Arfe
y otros notables cuadros.
La
visita a la Catedral ha de cerrarse con la del Patio de los Naranjos y
la Biblioteca Colombina. El primero fue el antiguo sahn o patio de la
mezquita, que se conservó íntegro hasta 1618, con sus flamantes
arcadas, algunas de las cuales se han reconstruido recientemente, y su
templete central, del que sólo queda en nuestros días la
fuente, con taza visigótica y octogonal.
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